¿Qué es la psicología, terapia psicológica o psicoterapia?

La psicología, terapia psicológica o psicoterapia es una ciencia social que busca que los pacientes vayamos tomando mayor conciencia de nuestros problemas o impedimentos físicos, emocionales o de nuestro entorno. Luego procura que se nos vayan diluyendo esos impedimentos a través de diferentes métodos (por ejemplo analizando las causas de los mismos). Como resultado logramos una mejoría de los síntomas físicos y de los estados emocionales, como así también mejoramos notablemente la interacción con nuestros seres queridos.

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¿Por qué nos haría bien una psicoterapia?

“Porque si seguía así, iba a explotar”. Nahuel

Alejandra: “No podía nada, no podía. Mis amigas no llegaban a entenderme y menos mi familia. Comencé terapia. Recuerdo que una vez mi psicóloga me dijo: -nunca serás prioridad para nadie hasta que no seas prioridad para ti misma-. La terapia me cambió la vida”.

Gabi: “Sentía que no servía para nada, súper insegura, todos me trataban como si fuera tonta. No podía más, yo me había imaginado algo distinto para mi vida. Un día toqué fondo y decidí ver a una psicóloga. Sólo puedo decir una cosa, me salvó la vida”.

Cristina: “Estaba con un idiota tras otro y así se me pasaba la vida. Un día conocí a Javi (para mí era uno más), recuerdo que le dije a mi psicóloga –le voy a dar una oportunidad- y ella me contestó: -la que se debe dar una oportunidad eres tu-. Nunca lo hubiera imaginado, pero me enamoré de Javi, vivimos juntos hace ya 4 años”.

Martín: “Tenía unos dolores de cabeza que me mataban, la medicación era muy fuerte y hacía poco efecto. Arranqué con un psicólogo. Jamás imaginé que una enfermedad se podría resolver con un psicólogo. No puedo creer los años que perdí”.

Los cinco casos son reales. Sólo se han cambiado los nombres.

10 prejuicios sobre la psicología o terapia psicológica

A través de estos prejuicios, simplemente nos cerramos la puerta a la psicoterapia. Tenemos la solución para nuestros problemas ahí, de frente a nuestras narices… y la desechamos sólo por prejuicios

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1. “Es mejor hablar con un amigo y encima no me cobra”
Contar amigos es fundamental, nada podría reemplazar el valor de un buen amigo y el valor de su ayuda. Pero el psicólogo es algo diferente, tal vez existe la confusión porque utilizamos el habla tanto con el amigo como con el psicólogo y ambos quieren que estemos bien.
Lo que ocurre es que el psicólogo no detecta solamente la información verbal. Atravesó una formación universitaria para comprender gestos, en qué momento usamos las palabras, el por qué las usamos, en qué momento o con qué tono.
El psicólogo no presta tanta atención a la argumentación racional de nuestro problema como lo haría un amigo. Tampoco escucha con la intención de contestarnos, en general, sólo escucha y elije momentos específicos para interrumpirnos. Tampoco tiene intención de agradarnos con lo que dice y nosotros tampoco necesitamos agradarlo a él. Como no es parte de nuestro entorno, no se ve influenciado por él y no arranca con un juicio formado sobre cómo somos. No considera que decimos cosas buenas o malas, está preparado para no juzgarnos. Al psicólogo, no le deberemos ningún favor y lo podemos dejar en cualquier momento, al amigo no.
2. “La terapia es muy larga” o “eso de adentrarse en el pasado no me gusta”
Existen muchos tipos de terapias psicológicas (sistémicas, psicodinámicas, humanistas, cognitivo-contuctuales, etc). Dependiendo del problema o de nuestras preferencias, podemos optar por diferentes enfoques. Hay terapias cortas que duran menos de 10 sesiones, resolvemos nuestro problema puntual y se acabó la terapia. Hay otras terapias que no se meten con nuestro pasado, sólo tratan los hechos presentes. Todo depende de nuestras preferencias.
3. “Es incómodo hablarle de mis cosas a un desconocido”
Es cierto, incluso también es incómodo desnudarnos o contarle nuestras cosas a un médico. Mucho peor si nos duermen para una cirujía. O mostrarle el interior de nuestra boca a un dentista.
Es claramente incómodo en un principio, pero luego nos acostumbramos. Nosotros creemos que nuestros problemas son graves y casi únicos, pero el psicólogo es un profesional y viene escuchando cosas similares desde hace años, para él nuestros problemas son importantes pero no son novedosos. No le despiertan una curiosidad especial.
4. “Hablas y no te contesta, es muy raro”
Es muy incómodo cuando ocurre esto. Pero simplemente es parte de la forma que tienen algunos tipos de terapias psicológicas de trabajar con las palabras (por ejemplo, el psicoanálisis). Si esto nos resulta dificil de tolerar, lo podemos comunicar o sino podemos optar por otro tipo de escuela psicológica.
5. “Se vuelve una adicción”
Si vemos que hemos generado una dependencia con el psicólogo, sería bueno hablarlo con él, ya que el apego nunca es bueno. Lo que ocurre con algunas personas no es dependencia, es ambición. Es decir, como ven que la terapia les dio tan buen resultado, van por más. Desean mejorar aún más, esto puede durar años. Es como el deportista que va acumulando logros, sube la apuesta, quiere más. Mientras duren los triunfos, ¿por qué retirarse?.
6. “Pueden salir cosas muy dolorosas, no quiero ni tocar esos temas”
El profesional ha estudiado mucho para que esto no ocurra. Va a respetar nuestros tiempos, no está ahí para lastimarnos. Si hay cosas que no queremos que salgan a la luz, nunca saldrán. El psicólogo nunca nos pondrá en una situación de dolor inmanejable. Está allí, precisamente para aliviar nuestro dolor.
7. “Tengo miedo que cuente mis cosas íntimas a otra persona”
Todo lo que digamos en la terapia es confidencial, incluso en la ley existe el secreto profesional. El psicólogo no podrá contar nunca lo que le digamos, a menos que esté frente a casos excepcionales como por ejemplo, que estemos por poner en riesgo nuestras vidas o la de otros. De cualquier manera, en la primer sesión, podríamos preguntarle específicamente en qué casos es posible que revele cosas nuestras.
8. “La gente va a decir que estoy loco”
Es probable que digan eso. Es porque muchas personas utilizan este prejuicio como excusa para no atenderse. Nosotros, podemos hablar con nuestro psicólogo sobre cómo manejarnos frente a estas acusaciones. También podemos contarle a nuestros amigos o familia que vamos al psicólogo porque tenemos estrés (al estrés nadie lo juzga muy mal). Es muy interesante notar que si bien algunos pensarán que estamos locos, otros pensarán que somos muy valientes.
9. “Yo opino que el psicólogo es para los locos”
Si, es cierto, es para los locos y para los que no están locos. Al igual que los médicos, los psicólogos tienen especializaciones. Dependiendo de nuestro caso, podríamos optar por ir a un psicólogo que no sea para locos. Para quedarnos tranquilos, podríamos preguntarle en nuestra primera sesión si está especializado en locos.
10. “La gente me dice que no necesito un psicólogo”
Muchas veces nuestros seres más queridos están aterrados de que podamos darnos cuenta de algunas cosas y que se ponga en juego la relación (¿acaso a nosotros mismos no nos asusta tanto cambio?). Ellos, quizás, prefieran que permanezcamos en la ignorancia antes de que tengamos una mayor comprensión sobre nosotros mismos y las situaciones en las que nos hallamos.
Podríamos comprender sus miedos y tranquilizarlos, pero someternos a la voluntad de otro no es una buena opción. Tal vez el vínculo acabe mejorando en lugar de empeorar.

¿Cual es la función de estos 10 prejuicios?

Estos 10 prejuicios están para tapar causas que están relacionadas con nosotros mismos.

Siempre nos es más fácil poner la responsabilidad afuera. En ninguno de los 10 prejuicios anteriores, nos hacemos cargo de que podría haber algo en nosotros que nos impida ir a un psicólogo.
Veamos, hay por lo menos tres aspectos (interrelacionados) de nuestra personalidad que nos dificultan enormemente hacer una psicoterapia:

1. Soberbia. Una de las principales cualidades que tenemos que tener para hacer una terapia psicológica es humildad. A las personalidades soberbias les cuesta mucho reconocer sus debilidades.
2. Miedo. La mayoría estamos aterrados cuando enfrentamos a un psicólogo porque sabemos que puede llegar a remover cosas tremendamente dolorosas. Tengamos presente que nunca hará eso, pero en todo caso, podemos pedirle, de entrada, que no se meta con algunas cosas nuestras.
3. Negación. Es posible que pensemos que todo en nuestra vida está bien, que no hay mucho para cambiar.
Para ver si estamos siendo negadores, podemos prestar atención (sin engañarnos!) a nuestros seres queridos: ¿ellos son felices con nuestra forma de ser? También podríamos prestar atención a nuestras enfermedades: ¿nos pasa algo? ¿el médico nos previno de algo?

Si tenemos alguno de estos problemas (soberbia, miedo o negación) no hace falta que intentemos ir a un psicólogo. Hay muchas otras disciplinas en Affirmia que podemos hacer para estar mejor.
Ahora bien, por favor, no pongamos excusas afuera, enfrentemos lo que somos y cómo somos.
Tengamos en cuenta una frase que aparentemente es de Nietzsche: “cada quien decide cuánta verdad está dispuesto a soportar”.

Foto por Jazon Nelson
Foto por Yarik Mishin

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